martes, septiembre 18, 2007

La Primera revolución moderna: Los Comuneros (Joseph Pérez) Parte 1

De entrada y para marcar terreno, se ha de señalar a Los Comuneros, escrito por el francés Joseph Pérez en los albores del nuevo siglo, como el mejor y más afamado texto divulgativo acerca de la Guerra de Las Comunidades acaecida en la Castilla del siglo XVI. No en vano, su autor es una de las máximas autoridades académicas en el asunto.

Pródigo en datos y referencias documentales contemporáneas a los acontecimientos, la obra de Pérez se sumerge de forma fluida y apasionante en los hechos que pusieron en evidencia las ansias democráticas del pueblo castellano frente al naciente absolutismo monárquico.

Los primeros capítulos se concentran en la descripción detalla de la situación castellana que precede al conflicto comunero. La sucesión de datos históricos se acompaña de un acertado análisis socio-político de la situación real que adolecía la Castilla heredada de los Reyes Católicos. Una nación ésta sobre la que se abrían inmensas posibilidades de desarrollo económico y social, caracterizada por la lucha entre ganaderos y exportadores de lana de un lado, y pequeños burgueses –impulsores de una temprana industria textil- de otro.

De los precedentes, imprescindibles para la comprensión de la rebelión de Las Comunidades, se pasa a la narración de los hechos inmediatos que la provocan. Un jovencísimo Carlos de Gante, es autoproclamado rey de Castilla en un acto de tirano absolutismo, que muchos no dudan de calificar como primitivo Golpe de Estado. El joven flamenco va más allá: pretende tomar dinero de las arcas castellanas para financiar su coronación imperial en Alemania. Las instituciones, encabezadas por el regente Cisneros y las Cortes del Reino, permiten el exceso regio. Es entonces cuando el pueblo se levanta en guerra, y comienzan las primeras revueltas.

Los incidentes tienen lugar en prácticamente todas las ciudades con representación en las Cortes. Sus primigenios diputados fueron duramente castigados por su irresponsable y corrupto comportamiento. En Segovia la reprimenda es extremadamente dura, y conduce a la muerte pública de las máximas autoridades locales.

El representante en el Reino de Castilla del recién estrenado Carlos I emprende la represión. Para ello ha de ir en busca de las armas de que disponía el ejército real en Medina del Campo. La ciudad castellana entra en furia ante la entrada de los representantes flamencos e impide la toma de las armas. Para distraer la atención de la muchedumbre se da fuego a la ciudad. Medina quedará destruida en casi su totalidad por las llamas, ante la determinación de sus hombres y mujeres a no ceder las armas al poder real.

Los hechos de Medina son determinantes para el desarrollo de los hechos, detonan la explosión comunera. Las ciudades rebeldes (Burgos, Toledo, Valladolid, Murcia, Palencia, Medina, Ávila, León, Segovia…) se reúnen para buscar la solución, mientras constituyen gobiernos locales dados a sí mismos por sus respectivas Comunidades. Nace en Tordesillas, en torno a la reina Juana I, la Santa Junta Castellana, como agrupación de las ciudades rebeldes. La Junta constituye una suerte de Parlamento de representación popular que adopta el poder de la Nación Castellana. Recauda impuestos y realiza el gasto público, adopta para sí misma en la naciente situación de crisis los 3 poderes del Estado.

Comienza inevitablemente la guerra contra los revolucionarios. La alta nobleza se posiciona con el rey, tras nombrar éste como virreyes en Castilla a dos Grandes y prometer favores a los colaboradores. La nobleza organiza el ejército real y emprenden la toma de Tordesillas. Se pierde la batalla y con ella la primera capital comunera, que ahora pasa a la cercana Valladolid, capital de facto del norte castellano.

Maniobras políticas de la alta nobleza minan mientras la revolución comunera. Se pierde Burgos para la causa, pero no Valladolid, a pesar de los desmesurados esfuerzos reales.

El campo de batalla se constituye en Tierra de Campos, en el triángulo formado por Medina de Rioseco, Valladolid y Benavente. Los comuneros se pasean libremente ante el alborozo popular por este territorio apropiado, y llegan a ganar al ejército real la posición de Torrelobatón.

Poco más de un año se mantiene viva la Santa Junta Castellana. La definitiva derrota de Villalar desmantela a los rebeldes, cuyos cabecillas son ejecutados públicamente en esta localidad convertida hoy en símbolo de la lucha castellana.

María de Pacheco, viuda del héroe Padilla ejecutado en Villalar, hará resistir Toledo varios meses después de la derrota de Villamar. En Toledo muere el último suspiro de la lucha comunera.